Carlos Fortunato

cerámica

El cántaro es un ser, un organismo vivo. La piel y el cuerpo son uno, la cavidad el sitio donde habita su alma, y también el lugar donde la emoción se esconde. Puede alojar hierbas, vegetales, flores. Funciona como un recipiente, pero en verdad es un ser en eje, anclado a tierra y mirando al infinito. Pone belleza en un mundo que aún se arrastra entre intereses, miedos y violencias, en medio de la barbarie, la injusticia y lo efímero, apuesta por traer y evocar la resonancia de lo divino, de lo que es.

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