Cada uno de nosotros es un ser único e irrepetible y, por lo tanto, cada uno de nosotros tiene una percepción única e irrepetible del milagro de la existencia.

Si se aprende a entender y usar los elementos que nos permiten articular el lenguaje de expresión, cada uno de nosotros podrá contar al mundo su propia y exclusiva visión de la vida a través del arte.

Así, la realidad interna será la externa. Solo que dejará de estar encerrada en nuestra cabeza, en nuestro cuerpo y podremos configurarla para así poder comprenderla nosotros mismos y compartirla con los demás.

Para eso en el Espacio Arte y Expresión, se da total libertad a la propuesta de imagen de cada participante y, al mismo tiempo, se conoce de una forma gradual toda la complejidad del lenguaje plástico.

El trabajo de explorar la propia imagen lleva consigo la tarea de permitírnoslo, de validarnos, de acoger amorosamente los contenidos y las formas que
emergen de esa exploración.

Ese es el punto clave y diferencial de esta forma de aprendizaje, pues es imprescindible acompañar el proceso de exploración interna en un contexto respetuoso y amoroso para que este pueda tener lugar. Poder mirar y mostrar ese mundo interno implica atravesar todo un camino de autodescubrimiento.

Si no atravesamos las barreras que nos alejan de ser nosotros mismos, lo más probable es que hagamos aquello que se supone que es validado y reconocido por los otros, quedando nuestra imagen guardada y protegida de nuevas agresiones.

En el Espacio Arte y Expresión, se propone entonces un trabajo con dos patas fundamentales: la comprensión, aprendizaje y asimilación de lo que es el lenguaje plástico, junto a la exploración de nuestra propia imagen, de nuestro propio, original y único modo de ser y estar en el mundo.

Todo el trabajo gira en torno a tres ejes teóricos y prácticos que resuenan entre sí: la terapia gestáltica, la didáctica humanista y la didáctica de las artes visuales desarrollada en la Bauhaus.

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La didáctica de las artes visuales desarrollada en la Bauhaus, con Itten, Klee, Albers, Kandinsky, rompe con la enseñanza de las artes visuales basada en el modelo de la copia de la realidad, para centrarse en los elementos del lenguaje plástico como el núcleo y motor de la producción de diseño y arte, incluyendo la espiritualidad y la conexión con lo trascendente de cada persona, como parte del proceso creativo.

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La Gestalt, con Fritz Perls en los años 50, propone un modelo de aproximación al individuo desde el hacerse responsable de su bienestar o malestar poniendo el énfasis en la recuperación de su autenticidad a través de reconquistar su deseo y necesidad reales en oposición a todos los mecanismos neuróticos que lo interrumpen. Esto sólo es posible en el aquí y ahora, momento en el que se puede, desde la conciencia, tomar un nuevo rumbo y dejar de repetir los patrones que nos atrapan en lo neurótico.

“Aprender no es más que descubrir que algo es posible. Enseñar es mostrarle a alguien que algo es posible.”

Fritz Perls

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La didáctica humanista, en los años 60, con Rogers y Maslow, surge como un movimiento de reacción y oposición al modelo tradicional, caracterizado por el enciclopedismo y la incomprensión de las necesidades de aprendizaje de los alumnos. Se centra en ayudar a éste para que decida lo que es y lo que quiere llegar a ser, ya que este tipo de educación se basa en la idea de que todos los alumnos son diferentes y pretende ayudarlos a ser auténticos y únicos, lo que realmente son.
Carl Rogers propone que:

  • Los seres humanos tienen un deseo natural por aprender.
  • Visión positiva y optimista de la educación.
  • El desarrollo del espíritu crítico, constructivo y de la creatividad.
  • El aprendizaje participativo es más efectivo que el pasivo.
  • Los alumnos toman la responsabilidad de su propio aprendizaje.